Cómo gestionar tus emociones sin reprimirlas (aunque no sepas por dónde empezar)
- Cómo gestionar tus emociones sin reprimirlas (aunque no sepas por dónde empezar)
- Por qué te cuesta tanto gestionar lo que sientes
- Lo que NO funciona (aunque sea lo más habitual)
- Entonces… ¿Cómo se gestionan las emociones de verdad?
- Una forma diferente de empezar: expresar sin palabras
- Un ejercicio sencillo para empezar hoy
- Lo que ocurre cuando empiezas a permitirte sentir
- Un paso más allá: acompañarte en el proceso
Si has nacido antes del año 2000, es muy probable que hayas crecido en un entorno donde las emociones no tenían demasiado espacio. Llorar no estaba bien visto, y si te caías, lo habitual era escuchar un “no ha sido nada, arriba y a correr”. Poco a poco, sin darnos cuenta, fuimos aprendiendo que lo importante era seguir adelante, sin pensar demasiado en cómo nos sentíamos.
Con una educación centrada en resistir y continuar, muchas veces nos vamos desconectando de lo que sentimos y de lo que necesitamos a nivel emocional. Por eso, aunque por dentro haya saturación, confusión o incluso malestar, seguimos diciendo que todo está bien. En muchos casos, no es que no queramos mirar hacia dentro, sino que directamente no sabemos cómo estamos. Nos decimos que no tenemos tiempo para eso, y seguimos adelante.
Así crecí yo. Durante años sentía que algo no terminaba de encajar, pero no sabía identificar qué era, ni cómo acercarme a ello, ni siquiera qué sentido tendría hacerlo. Con el tiempo, y después de probar diferentes caminos, he ido aprendiendo a entenderme mejor y a aceptar lo que siento, incluso cuando es incómodo. Escribo este artículo desde ahí, con la intención de compartir mi experiencia y, sobre todo, aquello que realmente me ha ayudado en este proceso.
Si te notas saturada, irritable, desconectada o simplemente cansada de tener la mente siempre activa y pendiente de todo, es muy probable que ya intuyas que hay algo dentro de ti que necesita atención. Sin embargo, no saber por dónde empezar hace que vuelvas a lo conocido:
seguir adelante, distraerte, o intentar no pensar en ello.
Hay algo importante que conviene tener presente desde el principio: las emociones no desaparecen cuando las ignoras. Solo se acumulan.
En este artículo vas a descubrir cómo empezar a gestionar tus emociones de una forma sencilla, sin necesidad de hacerlo perfecto, sin exigencia… y sin tener experiencia previa.
Por qué te cuesta tanto gestionar lo que sientes
No es que no puedas gestionar tus emociones. Es que, muy probablemente, nunca te enseñaron cómo hacerlo. Muchas hemos aprendido a adaptarnos a lo que se espera de nosotras y a seguir funcionando incluso cuando no estamos bien.
Tu mente se llena de pensamientos repetitivos, tu cuerpo acumula tensión, tus emociones se vuelven más intensas y, poco a poco, aparece esa sensación de: “No sé qué me pasa, pero no estoy bien”. Esta sensación suele ser el resultado de años sosteniendo una incoherencia interna, reprimiendo lo que sientes, sonriendo en situaciones que no te hacen bien o incluso silenciando tu alegría para no incomodar a otros.
¿Qué me pasó a mi? Durante años seguí trabajando como diseñadora en una multinacional sin escuchar los avisos de mi cuerpo. Sustituía los descansos que necesitaba por horas de pilates y gimnasio, como si eso pudiera compensar el desgaste interno. Llenaba mi agenda con compromisos sociales porque era lo que siempre había hecho, lo que se esperaba, lo que tocaba.
Necesitaba sentirme útil, mantenerme ocupada y no parar demasiado a mirar hacia dentro. Hasta que algo ocurrió que lo cambió todo. Tras el fallecimiento de un familiar, la contractura que llevaba tiempo arrastrando en la espalda empeoró. Mi cuerpo, que llevaba tiempo avisando, terminó por pararme. El estrés ya no se podía sostener, y por primera vez, no tuve más opción que escucharme.
Lo que NO funciona (aunque sea lo más habitual)
Llegado este punto, es importante tomar conciencia de que muchas de las estrategias que utilizamos para sentirnos mejor en realidad no gestionan lo que sentimos, sino que lo evitan o lo posponen.
- Evitar sentir (“ya se me pasará”).
Consiste en restarle importancia a lo que sientes o confiar en que el tiempo lo solucionará sin prestarle atención. Aunque puede parecer que funciona a corto plazo, en realidad la emoción sigue presente, solo que queda desconectada de tu atención consciente.Si últimamente sientes mucha tristeza, en este artículo te comparto cómo acompañarla sin bloquearla, mantenerte ocupada constantemente, llenar la agenda, no parar…
- Mantenerte ocupada constantemente.
Llenar la agenda, no parar, estar siempre haciendo algo. Esta forma de funcionamiento impide que haya espacio para escucharte. Cuando paras, todo lo que has evitado aparece de golpe. - Analizar en exceso lo que te pasa
Intentar entender cada emoción desde la mente, dándole vueltas una y otra vez, sin llegar a una conclusión clara. Este exceso de análisis no libera la emoción, solo te deja atrapada en un bucle mental.
Ninguna de estas formas gestiona realmente lo que sientes. Es como intentar guardar una emoción en un cajón y cerrarlo con llave: puede que durante un tiempo no la veas, pero sigue ahí, esperando que le des su espacio y la permitas transformarse. Las emociones no desaparecen por ignorarlas. Necesitan ser escuchadas, sentidas y expresadas para poder transformarse.
Entonces… ¿Cómo se gestionan las emociones de verdad?
Gestionar emociones no significa controlarlas ni entenderlas perfectamente. Tampoco consiste en hacer que desaparezcan lo antes posible. Gestionar una emoción implica algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: permitirte sentirla sin juicio.
Podrías verlo así: no es lo mismo abrazar a alguien para que deje de llorar que abrazarlo permitiéndole llorar. Con las emociones ocurre lo mismo: no necesitan ser corregidas ni silenciadas, sino espacio.
Para que eso sea posible, necesitas crear un espacio donde puedas bajar el ruido mental y conectar contigo sin exigencia.
Aquí es donde muchas personas se bloquean, porque no saben cómo hacerlo sin pensar demasiado. Es importante entender que reflexionar no es lo mismo que gestionar. Un proceso terapéutico, como el que puedes hacer con un profesional, ayuda a dar claridad, a entender patrones y a adquirir herramientas. Sin embargo, quedarse únicamente en el análisis o en repetir una y otra vez lo ocurrido no necesariamente libera la emoción.
Gestionar emociones implica permitir que esa emoción tenga un espacio real, que pueda moverse, expresarse y transformarse. Y para eso, muchas veces necesitas salir del lenguaje verbal y conectar con otras formas más directas y honestas de expresión.
Una forma diferente de empezar: expresar sin palabras
No todas las emociones necesitan ser explicadas. Algunas necesitan ser expresadas. Por eso, cada vez más personas están descubriendo herramientas como la pintura intuitiva o lo que yo llamé AcuarelaEmocional.
¿Por qué funciona? Porque:
- No pasa por la mente, pasa por el cuerpo
- No necesitas saber pintar
- Te permite soltar el control poco a poco
- Te ayuda a observar lo que sientes sin analizarlo
Es una forma de “dejar salir” lo que llevas dentro sin tener que ponerle nombre.
Un ejercicio sencillo para empezar hoy
No necesitas experiencia, materiales caros ni mucho tiempo libre. Este ejercicio está pensado para que puedas empezar con lo que tienes y, sobre todo, sin exigencia. Solo necesitas unos 15 minutos y la intención de darte ese espacio.
- Prepara un pequeño espacio
Busca un momento tranquilo en el que no vayas a ser interrumpida. Siéntate en silencio durante unos instantes y permite que tu ritmo baje poco a poco. - Respira y conecta contigo
Cierra los ojos y lleva la atención a tu cuerpo. Observa cómo estás sin intentar cambiar nada. Quizá notes tensión en alguna zona, como la mandíbula, el cuello o los hombros. Date permiso para sentirlo. - Moja un papel con agua
Con un pincel o directamente vertiendo un poco de agua, moja el papel sin pensar demasiado. Pueden ser gotas, un pequeño charco o trazos más libres. La idea es empezar a soltar el control desde el primer momento. - Añade color
Deja caer el pigmento y observa cómo se expande sobre el agua. Puedes usar un pincel, los dedos o lo que tengas a mano. No intentes dirigirlo ni hacerlo bonito. Permítete jugar y acompañar lo que va ocurriendo en el papel. - Observa lo que ocurre dentro de ti
Mientras pintas, vuelve a tu cuerpo. Observa si algo ha cambiado, aunque sea de forma sutil. Por ejemplo, si al principio notabas tensión en las cervicales, ¿cómo se siente ahora esa misma zona? No busques una respuesta concreta, solo permanece presente con lo que esté ocurriendo.
Este ejercicio puede parecer muy simple, pero precisamente ahí está su fuerza. Cuando dejas de exigirte hacerlo bien y te permites sentir sin juicio, empiezan a ocurrir cambios reales, tanto a nivel mental como corporal. Si además lo ritualizas, el ejercicio será mucho más beneficioso.
Lo que ocurre cuando empiezas a permitirte sentir
Las emociones son energía, y la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Por eso, cuando dejas de bloquear lo que sientes y empiezas a darle espacio, se producen cambios reales tanto a nivel mental como físico.
Estos son 3 de los efectos más habituales cuando te permites sentir:
- Tu mente se calma y aparece más claridad
Al dejar de evitar lo que sientes, disminuye el ruido mental y los pensamientos repetitivos. Esto te genera una mayor conexión con tu intuición. - Tu cuerpo se relaja y reduce el estado de alerta
Cuando dejas de reprimir emociones, la tensión acumulada en el cuerpo empieza a disminuir. Poco a poco sales del modo de alerta constante, lo que favorece un mayor bienestar físico y reduce el desgaste asociado al estrés sostenido. - Empiezas a entenderte sin tanto esfuerzo
Ya no necesitas analizar todo lo que te ocurre. Al darte espacio para sentir, empiezas a tomar decisiones más alineadas contigo. Disminuye la autoexigencia y aparece una forma más respetuosa de tratarte, como dejar de hacer cosas por compromiso o por cumplir con los demás cuando interfieren con tu bienestar emocional.
Un paso más allá: acompañarte en el proceso
Este tipo de práctica, cuando se realiza de forma guiada, se vuelve mucho más profunda. Tener un espacio sostenido en el tiempo y acompañado hace que no solo conectes de forma puntual contigo, sino que realmente puedas integrar ese cambio en tu día a día.
Por eso he creado diferentes formas de acompañamiento dentro de AcuarelaEmocional, pensadas para adaptarse al momento en el que te encuentras y al nivel de profundidad que necesitas, desde espacios más puntuales como el Círculo de Gratitud o Canal Emocional, hasta procesos más profundos y sostenidos en el tiempo.
Entre ellos, FLUIR es la experiencia online de tres meses en la que no solo aprendes a pintar con acuarela, sino que empiezas a relacionarte contigo misma de una forma diferente.
A lo largo del proceso, te acompaño para que puedas:
- Reconectar contigo misma desde un espacio de calma y presencia
- Dar espacio a tus emociones y profundizar en cada una de ellas sin juicio
- Soltar la autoexigencia y cambiar la forma en la que te hablas
- Crear un ritual propio de cuidado emocional que puedas sostener en el tiempo
No necesitas saber pintar ni hacerlo perfecto. Solo necesitas darte permiso para parar, sentir y empezar a expresarte de una forma diferente.
